Lo que una señora maleducada me enseñó de la escritura

Era mi primera Navidad sin mi familia y esto se parece a la versión cutre del señor Scrooge.

A mí se me había metido en la cabeza tener en la cocina lo que yo había visto en casa de mis padres toda la vida en esas fechas: una pata de jamón bien colocada en su jamonero. Y ahí que estaba yo en el mercado, dispuesto a comprar mi jamón.

En la misma cola, un par de turnos por detrás, había una señora muy mal educada.

No, no es que yo tenga una educación exquisita, pero es que ella se metía en todas las conversaciones, daba todos los pareceres sin que se los pidieran, y le acababa de preguntar a una chica que si estaba embarazada, a lo que la muchacha había dicho que no… ¿sabes a qué tipo de persona me refiero?

Cuando me tocó el turno y el charcutero me lanzó una mirada acerada, yo estaba nervioso y hasta me sudaban las manos. Le señalé el jamón que quería y le pregunté el precio.

Mira…

Cuando me lo dijo me entraron los sudores. Yo no podía pagarlo. En aquella época mis finanzas se parecían al rincón de las telarañas de la ratita presumida. Así que le pregunté por uno más económico.

—Este no es ibérico, pero está criado con castañas —me dijo el hombre.

Pues no había nada que hablar. Le pregunté el precio de ese otro, que era un poco inferior, y cuando me lo dijo, me empezó a temblar el párpado.

—¿No tendría uno más baratito?

Los de la cola empezaban a impacientarse y el charcutero veía que conmigo no iba a hacer negocio.

—Te puedes llevar una paletilla de recebo.

No sonaba bien, estarás de acuerdo conmigo. Pero cuando me dijo lo que valía, me entró un dolor fuerte en el cuello.

Fue entonces cuando la mujer maleducada se metió en la conversación.

—Niño —se refería a mí—, no seas idiota. No te lleves una pieza entera y cómprate un cuarto del bueno que te va a salir a cuenta.

Ese día aprendí que, si el todo es demasiado, puedes empezar por partes.

Mira…

La mejor forma de motivarte en la escritura es sabiendo que tu esfuerzo tiene una recompensa económica.

Sí, nos pasamos de largo todo el rollo de la realización, la pasión y la comunicación.

Cuando lleves tres años escribiendo y no hayas conseguido amortizar tu tiempo, entrarás en crisis. Mientras que, si logras esa amortización, seguirás en el empeño.

Y para eso tienes que probar, experimentar, adaptarte. ¿Y por qué hacerlo con novelas de trescientas páginas, que tardas un año en escribirlas, en vez de probar con relatos de quince?

Sé cómo hacerlo, tengo los conocimientos y lo practico, y eso es lo que te enseño a hacer en este curso, que tiene un precio de 147€, pero que vale tanto como tu libertad financiera: conseguir que tu trabajo, el que pague tus facturas, sea la escritura de ficción. 

Si quieres saber más, pulsa el botón azul. Si no te apetece, también está bien.

¡Abrazos!