Lo que me enseñó sobre escritura un tipo borracho que se metió en una conversación

Una amiga danesa decía que lo que más le alucinaba de los latinos era que hablábamos de nuestros problemas personales en los bares, delante de todo el mundo.

Hasta ese momento no me había dado cuenta (tampoco estoy seguro de que no suceda en todo el mundo), pero mira, te voy a contar lo que un tipo inoportuno, pasado de copas, vino a decirme.

Te pongo en situación: barra de bar, ocho de la tarde y yo converso con un amigo (codo apoyado en la madera), sobre lo divino y lo humano, con una cerveza de por medio.

Al otro lado de mi amigo había un individuo que, mientras nosotros terminábamos una, él acababa con la cuarta. No, no estaba achispado. Estaba borracho como una cuba y ya había tarareado por Whitney Houston y le había dicho al camarero que lo quería.

¿Me entiendes qué tipo de borrachera llevaba encima?

El caso es que, en un momento dado, él decidió meterse en nuestra conversación.

—Pues si tú lo consigues, dime cómo lo has hecho porque es un chollo.

Esto no sonó así, como tú lo acabas de leer. Había erres arrastradas y muchas eses mientras él intentaba agarrarse a la barra.

Yo estaba contándole a mi amigo lo complicado que era vivir de la escritura, a pesar de que había conseguido dedicar una hora y media al día a escribir, por lo que estaba muy contento.

Pero a lo que se refería mi nuevo amigo borrachín era a cómo, dedicando una hora y media al día, yo pretendía vivir de ninguna profesión, ya fuera la escritura, la carpintería o la ingeniería molecular.

Eso fue lo que me hizo pensar, vender mi casa, dejar mi trabajo y dedicar todo mi tiempo a la escritura para poder vivir de ella.

¡OJO! Tú no lo hagas. Es una locura. 

Pero yo sí sé cómo hacerlo, tengo los conocimientos y lo practico, y eso es lo que te enseño a hacer en este curso, que tiene un precio de 147€, pero que vale tanto como tu libertad financiera: conseguir que tu trabajo, el que pague tus facturas, sea la escritura de ficción. 

Si quieres saber más, pulsa el botón azul. Si no te apetece, también está bien.

¡Abrazos!